Me causa tal admiración contemplar la variedad de las bellezas que nos regalan las flores de un jardín. Todas nos parecen bellas, y acept
amos esa belleza tal cual la vemos. Cuando admiramos el hermoso espectáculo del cielo estrellado, nunca he escuchado a nadie recriminando que una estrella es más bonita que otra, porque aceptamos el regalo de su belleza tal cual son. Incluso, conozco personas que aman los perros, y sienten especial atracción por alguna raza específica, pero sin dejar de reconocer la belleza de las otras razas. Lo lamentable, es que eso no ocurre cuando se trata de valorar a personas, porque como verán más adelante, se observa una conducta totalmente distinta.
