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domingo, 12 de julio de 2026

Sobre el comportamiento prosocial

Mujer ayuda a una anciana

  | 💥 Imagen generada por Google IA / NANO BANNANA 2

Resulta más que habitual que la palabra “ayuda” surja en nuestra interacción diaria con nuestras amistades, compañeros de trabajo así como desde los medios de comunicación los líderes mundiales y personas relevantes hace un uso habitual de la misma. “Déjame que te eche una mano”o “Para cualquier cosa que necesites no dudes en pedírmelo” son expresiones que repetimos una y otra vez sin reparar a menudo en su significado e implicación tanto en nuestro día a día así como en el de las personas que nos rodean. Desde la psicología social, rama de la psicología basada en el estudio científico de la persona y la sociedad, se hace referencia al concepto de ayuda mediante el denominado Comportamiento Prosocial. Este concepto engloba aquellas acciones y comportamientos por las que las personas tendemos a beneficiar a los demás (Hogg et al., 2010).

¿Qué es el comportamiento prosocial?

El comportamiento prosocial abarca cualquier acción voluntaria que beneficia a otras personas o a la sociedad. Incluye actos como ayudar, compartir, cooperar y consolar. Está impulsado principalmente por la empatía y es fundamental para construir cohesión social y relaciones interpersonales saludables.

El comportamiento prosocial ocurre cuando el individuo actúa para beneficiar a otros y no a sí mismo. El altruismo, la cooperación, y el cuidado son algunos ejemplos del comportamiento prosocial.

El comportamiento prosocial es una parte central de la moralidad. Como menciona el psicólogo Daniel Batson, una gran parte de la moralidad interpersonal involucra “darle importancia a los intereses y deseos de los demás en situaciones en que nuestros intereses pueden estar en conflicto.”

Varios estudios revelan que quienes actúan de manera prosocial suelen ser más feliz, más saludable, y vivir más años. Los que no actúan de manera prosocial suelen sufrir costos psicológicos que vienen con sentimientos de culpabilidad.

El comportamiento prosocial es contagioso. Varios estudios muestras que los que ven a otros actuar de manera prosocial son más propensos a comportarse de la misma menara.

Las personas parecen tener una preferencia innata para el comportamiento prosocial. Por ejemplo, en un estudio, hasta los bebés preferían jugar con una muñeca que veían actuando de manera generosa a las que veían comportarse de manera egoísta.

El profesor de derecho Lynn Stout dice, “el comportamiento prosocial o no-egoísta es tan común en la sociedad estadounidense que se suele ignorar.” De hecho, considera cuan frecuente la gente ayuda a los demás al donar a organizaciones caritativas o al ser voluntarios. Por ejemplo, en 2014 las donaciones caritativas llegaron a su auge de más de $358 mil millones. El 45% de los voluntarios estadounidenses hacen que este país ocupe el tercer lugar en cuanto al tiempo y talento dedicado a la ayuda de los demás.

Entonces mientras que el comportamiento prosocial no es tan notable, podemos deducir que es una parte central de una sociedad justa y decente.

Las conductas prosociales se refieren a acciones voluntarias destinadas a beneficiar o apoyar a otros, como ayudar, compartir, ser voluntario y donar. Estas conductas son cruciales para fomentar relaciones sociales positivas, generar confianza y fortalecer los vínculos interpersonales dentro de las comunidades.

Tipos de comportamiento prosocial

Ayuda física o directa: Auxiliar a alguien en una situación de emergencia o necesidad material.

Apoyo emocional: Consolar o escuchar activamente a una persona que atraviesa un momento difícil.

Cooperación: Trabajar en equipo para alcanzar un objetivo común.

Compartir recursos: Distribuir bienes, tiempo o conocimientos.

Comportamiento cívico: Respetar las normas y participar en actividades que benefician a la comunidad.

Origen de las conductas prosociales

En cuanto al estudio del origen de la conducta prosocial en el ser humano, encontramos diversas teorías. Desde un punto de vista evolutivo, desde la teoría de la evolución, encontramos (Gallegos, 2015):

  • Selección de parentesco: ayudamos más a nuestros familiares y amigos que a un desconocido. Esta teoría pone el acento en la transmisión de genes; ayudaré más a mis hijos que a los hijos de otros. Cuantos más genes comparta, más ayudo. También hay que ayudar a todos los que dependen de nosotros
  • Altruismo recíproco: tomar la decisión de ayudar o no ayudar a los demás depende de que el otro pueda devolverme la ayuda en el futuro.
  • Selección de grupo: el éxito evolutivo se puede dar a nivel individual y grupal. El grupo que tenga más gente para sacrificarse por el grupo, mayor eficacia evolutiva va a tener. Es una cuestión de egoísmo/altruismo.

El altruismo recíproco postula que tomar la decisión de ayudar o no ayudar a los demás depende de que el otro pueda devolverme la ayuda en el futuro

Desde una perspectiva biologicista, se sugiere que las acciones de ayuda son bastante impulsivas y automáticas, más que deliberadas, o sea, lo que llevamos a cabo son conductas no reflexivas, que no hace falta pensarlas para realizarlas (Moñivas, 1996). Según esta perspectiva, las decisiones de ayudar no son tanto el resultado de un proceso reflexivo consciente, sino de un estado emocional previo. La clave en este proceso es la 🏹 empatía, la habilidad de sentir y entender las 🏹 emociones de otra persona desde su perspectiva.

Cuando alguien experimenta empatía, automáticamente se forma en su cerebro una representación de lo que la otra persona está sintiendo. Aunque en el pasado se buscaba identificar áreas específicas del cerebro donde esto ocurre, hoy en día la ciencia ha movido su enfoque hacia una comprensión más integrada y menos localizada de cómo funcionan estos procesos cerebrales.

Un hallazgo importante en este contexto son las neuronas espejo. Estas neuronas se activan no solo cuando realizamos una acción, sino también cuando observamos a alguien más realizar esa misma acción. Esto sugiere que las neuronas espejo podrían estar involucradas en cómo entendemos y empatizamos con los sentimientos y comportamientos de los demás, facilitando así las conductas prosociales. Sin embargo, la comprensión exacta de cómo funcionan y su papel en la empatía sigue siendo un tema de investigación activa en neurociencia.

¿Por qué ayudamos a los demás?

En este apartado de por qué ayudamos a los demás, el por qué de la conducta prosocial, vamos a ver por una parte aspectos psicológicos y luego otros factores culturales y situacionales que aumentan o disminuyen la probabilidad de que se de la conducta prosocial.

Factores psicológicos

La investigación se centra en tres aspectos en el por qué de las conductas prosociales (Pacheco, Rueda y Vega, 2013):

1. Aprendizaje: mecanismo de principio de refuerzo y modelado. Aprendemos a ayudar si somos recompensados y si vemos que las personas de nuestro alrededor lo hacen.

2. Valores morales y personales: Schwartz plantea, con relación al punto anterior, que el aprendizaje es una cosa, y los valores otra. Construimos unas normas para cada situación específica; eso explica por qué algunas personas ayudan en ciertas situaciones, y en otras no. El modelo de Schwartz es un modelo secuencial. Su modelo de ayuda propone 5 partes:

  • Atención: ver una situación, ser consciente de que pasa algo. Proceso de atención imprescindible para continuar el proceso de ayuda. Que yo me dé cuenta de que está pasando algo y que me atribuya la responsabilidad de ayudar.
  • Motivación: cuando el sujeto se crea la norma moral de ayudar. “Tengo que ayudar”.
  • Evaluar costes: qué me cuesta pararme a ayudar y qué beneficios tengo por ayudar.
  • Defensa: qué me pasaría si no tomo la decisión de ayudar. Evalúo. Si anticipo que el coste de no ayudar es bajo, la probabilidad de ayudar se reduce.
  • Conducta de ayuda

En este punto de los valores, influyen las normas de justicia social (Pacheco, Rueda y Vega, 2013):

  • La equidad: cuando dos personas contribuyen de la misma manera, deben tener la misma recompensa.
  • La norma de responsabilidad social: norma universal, las de todas las culturas. Debemos ayudar a quienes nos ayudan.

3. Activación y emoción: hablamos de dos aspectos importantes (Pacheco, Rueda y Vega, 2013).

  • Motivación egoísta: reducir el malestar que me ha creado la situación de la persona. Me importa dejar de sentirme mal. Alivio del estado negativo. Cuando ayudamos, lo hacemos para evitar un castigo o librarnos de un malestar q nos provoca la situación de esa persona. En sí la otra persona no te importa demasiado.
  • Motivación altruista: la motivación es ayudar al otro. La preocupación empática produce la conducta de ayuda altruista. Sentimientos de simpatía, comprensión, ternura… Distingue dos tipos de empatía.
    • Empatía cognitiva: la capacidad de atribuir o inferir lo que el otro siente. Algunos la llaman “toma de perspectiva”, entender la perspectiva del otro.
    • Empatía emocional: se le llama toma de respuesta afectiva, y existen dos tipos:
      • Empatía paralela: experimentar las mismas respuestas emocionales que la otra persona (paralela). No tiene por qué ser más fuerte que la otra.
      • Empatía reactiva: reaccionar emocionalmente ante lo que está viviendo la otra persona (reactiva). Sentir tristeza, compasión, pero no siento lo mismo que el otro.

Otros autores dicen que las personas masificamos recompensa y minimizamos costos (Moñivas, 1996). Primaría siempre nuestro propio interés. Ante una situación de emergencia o de ayuda, evaluaríamos el coste de la ayuda y el de no ayuda. La persona debe sentir cierto malestar hacia ese problema y atribuir que se debe a ese hecho.

La idea básica

En 1938, Superman debutó como el primer superhéroe disfrazado, con un alter ego y superpoderes del mundo. Cautivando al público con historias de servicio público que desafiaban la lógica (y su peculiar estilo), Superman revitalizó valores arraigados como el altruismo y la justicia social.

Si bien los poderes de levitación, telepatía e invisibilidad permanecen (por ahora) confinados a nuestra imaginación más desbordante, nuestra admiración por las hazañas heroicas se basa en gran medida en la realidad. Las conductas prosociales describen acciones que benefician intencionalmente el bienestar de otros individuos o grupos de personas. Como su nombre lo indica, las conductas prosociales ayudan a crear relaciones positivas y a fortalecer los lazos sociales. Ya sea dando indicaciones a un desconocido o consolando a un amigo cercano, estos actos son fundamentales para nuestra vida social. Sin cooperación y ayuda mutua, las comunidades y sociedades tal como las conocemos no existirían.

La prosocialidad está estrechamente ligada al altruismo , que es la motivación para ayudar a los demás sin importar el beneficio personal. Si bien ambos términos se usan a menudo indistintamente, presentan sutiles diferencias. El comportamiento prosocial se define principalmente por sus consecuencias positivas, mientras que el altruismo tiene más que ver con nuestras motivaciones que con los resultados físicos de nuestras acciones. 3,4 Tomemos, por ejemplo, el voluntariado en una organización benéfica local. El acto de ser voluntario en sí mismo es un comportamiento prosocial, mientras que el deseo de ayudar a los demás es altruismo en su esencia. Es importante destacar que los comportamientos prosociales no son necesariamente altruistas; también podemos ayudar a los demás por interés propio, como por ejemplo, ser voluntarios para mejorar nuestra propia reputación social.

Dado su papel fundamental en las interacciones cotidianas, no sorprende que las conductas prosociales comiencen en la infancia. La prosocialidad se estudia con mayor frecuencia en el campo de la psicología del desarrollo, ya que la investigación sobre el desarrollo de las conductas prosociales nos brinda información importante sobre cómo y por qué actuamos de manera prosocial a lo largo de nuestra vida. Los investigadores y psicólogos infantiles suelen utilizar actos prosociales como ayudar y compartir para evaluar el desarrollo emocional.⁵ Estos logros son más que dignos de exhibir en el refrigerador; considerar las necesidades de los demás es un hito importante del desarrollo que moldea el resto de nuestra vida social.

Haz el bien a los demás y cualquier hombre podrá ser un Superman.
— Superman (Clark Kent)

Créditos bibliográficos:

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