
Erase un antíquisimo manuscrito, poseedor de tesoros de sabiduría ancestral, que era guard
ado celosamente en un templo ubicado en tierras remotas. Uno de los alumnos que cumplió su tiempo de preparación y tenía que abandonar el templo, estaba preocupado por la forma cómo enfrentar con firmeza lo que le preparaba el futuro, lo cual lo mantenía inquieto, y entonces, finalizado su devocional matutino espiritual de rigor, decide hacer una última consulta a su maestro de toda la vida. La respuesta de su maestro fue: ve al salón de la consagración y consulta en nuestro manuscrito sagrado, el precepto No. 7. Esto fue lo que leyó el alumno en dicho precepto:
